De cómo el asesinato de mi móvil reveló un secreto de productividad

Era viernes por la tarde y nadie intuía la hecatombe que en unos segundos iba a ocurrir.

Las causas del suceso todavía se desconocen, aunque la investigación sigue abierta.

¿Implicados? ¿Cómplices? No existen. Estaba yo sola en la escena del crimen.

Solo, sucedió.

Un pequeño cuadro de la cocina decidió poner fin a su existencia tirándose al vacío. Y como no podía ser de otra manera, cayó con la esquina por delante.

Algunos tarros de especies empezaron a murmurar que en el momento del salto se le escuchó decir: "Si caigo yo, caeréis todos conmigo".

¿Qué tipo de relaciones turbias podían tener mi móvil y un cuadrito de cocina?

Nunca lo sabremos.​

Fuera lo que fuese. Tal y cómo cuchicheaban los tarros, la amenaza del cuadro se hizo realidad. En su caída se llevó por delante a mi móvil (y su pantalla, bytes, chips y chismes diversos que compongan un cacharro de estas características).

El móvil quedó tendido en el suelo. Herido de muerte...

La Covita se acercó y se puso de rodillas junto a él. La pantalla todavía parpadeaba, eran sus últimos segundos de vida.

De repente, noté que emitía unos ruiditos. Me llamaba. No quería irse sin contarme un amargo secreto que se había callado durante toda su vida...

Me acerqué y apoyé mi oído contra la pantalla...

¿Quieres saber lo que me contó?

¿Quieres saber el gran secreto?

Pues entonces, sigue leyendo.

(No pensarías que te lo iba a contar todo de buenas a primeras)

asesinato productividad

Sí, ya sé que una patata no es un móvil, pero es que me pareció tan chula la imagen que no pude resitirme.

¿Se puede continuar una historia con una intrahistoria?

¡Claro que sí! La Covita tiene lápices suficientes como para contar todas las historias del mundo.

La realidad es que para esta semana no tenía pensado este post, sino otro.

Pero este miércoles ocurrió un detalle, en aparencia insignifcante, que me hizo tomar la decisión de escribir el artículo que tienes ante los ojos.

¿Qué fue eso tan insignificante? Aquí empieza la intrastory

El miércoles por la mañana estaba trabajando y de repente miré el reloj: las 11:30.

"Vaya, ya han pasado dos horas y media" pensé.

La cuestión es que me quedé unos segundos parada mirando para el reloj. Sentía algo extraño en relación a la hora, me faltaba algo.

¿Nunca te ha pasado que tienes la sensación de que está ocurriendo algo y tú no terminas de ver qué es?

Bueno, la metafísica la dejamos para otro artículo que no te veo muy por la labor.

Pasaron unos segundos más, hasta que de golpe me vino la inspiración:

"Taco gordo, he estado dos horas y media trabajando sin mirar otra cosa más. No he levantado la cabeza de lo que estaba haciendo en dos horas y media".

Ahí me puse a hacer balance sobre cuánto había hecho en esas dos horas y medias. Wow, había avanzado bastante. Bastante, bastante.

Estaba siendo una mañana muy productiva.

Pero por qué justo esa mañana había conseguido concentrarme. ¿Qué tenía de distinto esa día que no tuviesen los anteriores?

La respuesta está en lo que me susurró mi móvil al morir. El gran secreto.

"Hemos venido para conquistaros, para convertiros en nuestros esclavos.

Huye mientras puedas"

Huid

En ese momento, tuve miedo de rematarle yo misma.

Después de tanto tiempo, la clave de no aprovechar más el tiempo había estado delante de mí siempre.​

Tengo que reconocerlo: soy esclava del móvil. No sé si son ellos los que quieren conquistarnos o si me dejado dominar yo.

De forma compulsiva consulto el email. Cada media hora miro el móvil para ver si ha llegado algo nuevo.

Y eso es una interrupción tras otra. Aunque sean solo unos segundos, pierdes el foco de lo que estabas haciendo. Sin contar que no eches un vistazo a un email que te haya interesado. Apaga y vámonos.

¿Que había ocurrido al morir mi movil?

Coloqué la tarjeta en otro que tenía por casa. Pero como el trámite iba a ser temporal, ni me molesté en configurar los correos electrónicos en él.

En estos días, al no tener ni email, ni redes sociales configuradas en él casi no he mirado para el móvil.​ Pues fíjate que ese detalle tan tonto es el que ha conseguido que mi poder de concentración aumentase muchísimo.


Como has visto, la Covita ha decidido ser buena y te ha contado el secreto muy pronto (tenía verdadero miedo por la integradidad de tus uñas).

Aunque es posible que ahora estés pensado "¡Cova, tanto rollo para esto!".

A lo mejor, el gran secreto no te parece tan "grande", pero te puedo asegurar que para mí lo ha sido.

Pero déjame contarte antes algo.

No sé si lo recuerdas, pero la primera entrevista que hice en el blog fue a Yolanda Pérez. Os explico un poco como conocí a Yolanda ya que tiene importancia de cara a lo que voy a contar después.

En diciembre (el blog nació el 16 de noviembre) vivía en un auténtico caos. Un desastre total. Tardaba en hacer cualquier cosa muchísimo y parecía que llegaba a todo con la lengua fuera. La realidad es que estaba muy, muy agobiada.

En esos días, ya empezaban a pasar por mi mente cuestiones a las que nunca le había hecho mucho caso: productividad, eficiencia...

Hasta que un buen día se cruza conmigo este post de Yolanda: Mini guía para liberar a tu productividad de la multitarea.

Leer ese post fue toda una revolución para mí, porque ahí se explicaba el problema que yo tenía (sí, que soy un desastre). A los pocos días escribía a Yolanda para pedirle la entrevista.

Arriba te dejé el enlace, pero te lo vuelvo a dejar aquí. En la entrevista Yolanda explica bastantes consejos muy útiles. Si no las has leído merece la pena que le eches un ojo.

Ese día aprendí varias de las cuestiones que en estos momentos me permiten poder realizar muchas más tareas que antes.

Te explico cómo he puesto en práctica varios de los consejos de Yolanda.

La lucha de la Covita con la organización

Uno de los puntos que más me llamó la atención fue la gráfica de la productividad.

Esta gráfica se basa en que una persona no rinde igual a todas las horas. Por tanto, para sacar más partido al tiempo, hay que colocar las tareas en nuestro horario según el grado de exigencia que tengan.

Desde entonces, empecé a fijarme en cuándo estaba más dispersa o no. No fue difícil, siempre estoy dispersa...     ...        ... noooo, mal andaríamos.

Mi gráfica de productividad sería así:

gráfica productividad

A primera hora es lo que yo he denominado "me pongo en situación".

Me siento, abro el ordenador, pego un vistazo a los emails y a las redes sociales (sí, lo reconozco también miro analytics, para que negarlo). Esto suele llevarme, una hora.

No me pongo a escribir nada más sentarme porque me cuesta mucho. Tardo mucho en arrancar.​

Mi cerebro no se pone  a trabajar al momento, es como si necesita un precalentamiento #productividad

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Bueno, al final no deja de ser un músculo ¿no?

Pasada esa hora ya sí me pongo a escribir. Más o menos, consigo estar concentrada unas tres horas.

Esto quiere decir que llego a pleno rendimiento hasta las 13:30 o las 14:00, más o menos.

Aquí viene la parada para comer de dos horas y retomo a las 16:00.

El problema gordo está aquí. De cuatro a seis me cuesta muchísimo centrarme. Me distraigo con cualquier cosa que esté a mi alrededor. Y si no hay nada, mi cabecita es más que suficiente para perder varias horas de un tirón.

A partir de las seis, la cosa cambia. En mi cerebro se alinean los planetas o vete tú a saber qué ocurre ahí dentro que empieza a funcionar. Si todo va bien, unas tres horas más a buen rendimiento puedo estar.

Después toca la cena e interactuar un poco con el resto de seres vivientes.

Sobre las 22:30 intento hacer algo, pero ya depende de lo cansada que esté. Aunque creo que esto en breves debo obligarme a no hacerlo ya que creo que ayuda a que no duerma bien.

Inciso importante: a no ser que seas una marmota, no uses la tablet o el móvil una hora antes de dormir. Durante una temporada me di cuenta que me costaba mucho (más de lo nomal) dormir. ¡Era la luz de la tablet!

Luego lo he visto publicado en algún medio de comunicación, es increíble lo que puede llegar a afectar la luz de la pantallas.

En qué me ha ayudado la gráfica

Tengo que reconocer que ir cambiando mis hábitos me está costando, más que nada porque soy una borrica tozuda y si yo digo que quiero escribir a las cuatro de la tarde, pues como que no me valen excusas.

El resultado de esas tardes suele ser que dan las seis y veo que he escrito muy poco para la hora que es. Y en muchos casos bastante denso.

Vamos que para el tiempo que he gastado los resultados son muy malos.

¿Qué intento hacer en esas horas?

Cuestiones que no me exigen tanto o son más mecánicas pero que también tengo que hacer. Por ejemplo, contestar algún mensaje en Twitter, llamadas, probar herramientas, buscar imágenes para el post o modificar alguna función del blog.

Aunque con esta última tengo que tener cuidado porque puedo caer en un agujero negro del que no salgo hasta las ocho de la tarde.

Lo de trastear tiene un poder hipnótico.

Photo credit: Hjorthefoto via Foter.com / CC BY-SA

Establecer tiempos máximos

En algún momento de la entrevista Yolanda dijo algo así: "si te das toda la mañana para realizar una tarea. Tardarás toda la mañana en hacerla".

Jo, qué verdad más grande.

Ahora siempre otorgo a cada tarea un tiempo máximo para poder realizarla. Por supuesto, muchísimas veces no lo cumplo, pero sirve para focalizar y no perder el tiempo con cuestiones que no tocan.

Fijar objetivos y constante reorganización

A primera hora de la mañana, repaso los objetivos que me he plantado para ese día. Si ha surgido alguna cuestión nueva es el momento en el que suelo reorganizar cómo voy a trabajar.

Siempre dedico unos minutos a pensar el orden en que voy a hacer la tareas ya que a veces me doy cuenta que el orden no es correcto o que puedo ir más rápido si aplico otro orden.

Por ejemplo, si tengo que escribir una serie de artículos sobre una temática. He comprobado que voy más rápido si primero escribo lo que abordan cuestiones más puntuales o específicas y dejo para el final los más genéricos.

Al haber escrito primero lo más específicos puedo abordar mejor los que tratan cuestiones más genéricas. Parece una tontería, pero solo con cambiar el orden en que trabajo me hace ir más rápido.

Escribir los objetivos, plasmar todo en papel

Tengo que reconocer que esto no lo hago siempre. Suelo confiar demasiado en mi cabeza y eso es un error.

Además de que se me puede olvidar algo, plasmar lo que tienes en tu cabeza al papel ayuda a poder visualizar mejor todas las tareas de una manera más global.

Se ve de otra manera distinta que cuando lo organizas de manera mental.

Siempre que lo hago se me ocurren más ideas, matices o historias. La agenda suele terminar llena de flechas y anotaciones. Tengo miedo que algún día, en una de estas se me ocurra "la cuadratura del círculo".

Relaja la ansiedad y dedica el tiempo que necesites a pensar

Cuando vivía en Valencia (en la época de la facultad), casi todos los días dedicaba un buen rato a pensar, a ordenar todo lo que tenía en la cabeza.

De hecho, era muy habitual que mi hermana llegase a la habitación y me pillase tirada en la cama con la mirada perdida en el techo.

"¿Ya estás meditando?"

De broma, nosotras lo llamábamos así, pero era algo parecido.

No solo pensaba sobre cómo organizarme, sino cómo plantear ciertas situaciones, cómo enfocar un problema...

La Covita siempre ha sido muy impulsiva. De hecho, tenía un profe que me llamaba "cagaprisas" porque siempre me solía equivocar por realizar los ejercicios sin pensar.

Por eso me ayuda tanto el pararme y pensar en cómo quiero hacer las cosas. Cuando me pongo ansiosa y trabajo sin pensar cometo errores, ¿y eso que significa?

Perder tiempo en volver a hacerlo bien.

Aish Covita, si es que no aprendes.

De verdad, valora mucho este punto, si lo he dejado para el final es porque junto con la gráfica de la productividad me parece muy importante.

Date tiempo para pensar, organizar y ver cómo quieres afrontar cada día #productividad

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"Bueno Cova y lo del asesinato de tu móvil en que quedó".

No si al final tú también vas a ser un ansiosucu como yo. A eso iba.

El superhéroe de la multitarea

No, este superhéroe no tiene nada que ver con la entrevista que le hice la semana pasada a Antonio Cambronero y que titulé con "el superhéroe con un blog de más de 15 años".

Este no es tan bueno.

Yolanda llama superhéroe de la multitarea a aquellos que intentamos hacer varias cosas a la vez. Véase el estar trabajando y parar para consultar el móvil. Estar trabajando y parar para revisar eso de lo que te acabas de acordar. Estar trabajando y parar para escribir ese email que hacía días que tienes pendiente.

¿Te suena?

Yo soy multitarea hasta la última célula de mi cuerpo. De hecho, durante mucho tiempo pensé que el hacer varias tareas a la vez era bueno.

Antes te decía que es posible que te haya resultado decepcionante que el gran secreto fuese que el móvil descentra mucho.

Parece que todo tenemos eso claro.

Pues fíjate que yo creo que no que no somos conscientes de lo que nos afecta.

Hace unos días, justo encontraba este artículo en el diario El País.​

Fíjate que es un artículo del 2014 y ya está valorando que solo somos capaces de mantenernos concentrados de media 11 minutos. ¡11 minutos!

Parece una tontería, pero fíjate en este detalle y valora cuánto tiempo podrías perder en una mañana.

Cada vez que dedicas unos segundos a cualquier otra cuestión, tu mente desconecta de lo que estabas trabajando. Es como un botón, o encendido o apagado, las dos a la ves no se puede.

Cada vez que retomas, pierdes tiempo en volver a focalizar y volver a estar 100% centrado en lo que estabas.

En el artículo menciona que tardamos entre unos 10 y 20 minutos en retomar. Hombre, yo creo que si la distracción ha sido tan solo de unos segundos, no tardas tanto; pero algo sí que tardas.

Terapia contra la multitarea

Estos días no solo he comprobado que el mundo sigue girando sin que consulte tres veces a la hora el email, sino que cuando te centras del todo en lo que estás haciendo sin distracciones. Obtienes resultados

Créeme cuando te digo que mi productividad ha ascendido muchísimo con estos días sin móvil. De hecho, casi me ha dado reparo de conciencia cuando he encargado el nuevo.

¿Qué voy a hacer a partir de ahora?

Desintoxicarme.

Desde hoy voy a trabajar con el móvil y la tablet fuera de la habitación. Tal cual como a los niños. Por haberte portado mal sin móvil todo el finde.

Pero si yo soy bueeennaaaaa

Nada sin móvil

Además, creo que cuando entras en estado de concretación plena sobre lo que estás haciendo, ya no te acuerdas de todas esas tareas pequeñas que tienes que hacer. Por tanto, no pararías lo que estás haciendo para contestar un email, revisar una métrica o mirar aquello que se te quedó pendiente.

Y si te acuerdas de algo, lo apuntas en la agenda para los ratos en que estás menos productivo.

Que conste que parece que te lo estoy diciendo a ti, pero en realidad me lo estoy diciendo yo a mí misma.

¿No te has dado cuenta de qué te falta algo?

Y hasta aquí ha llegado nuestro nuevo capítulo del CSI. Ahora te toca a ti:

¿Crees que los móviles están aquí para esclavizarnos?

¿Tienes algún truquillo que te hace ser más productivo?

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8 Comments
  1. Elena
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